viernes, 17 de octubre de 2008

Series of Dreams


Como recomendación, para cualquier posible aunque improbable lector de esta crónica, escuche la canción de Bob Dylan, "Series of Dreams", tema incluso en el álbum "Oh mercy" y que es posible también encontrar en "Tell Tale Signs The Bootleg Series Vol. 8". Como preámbulo a la sorpresa que el escucha seguramente se llevará de esta canción, vale rescatar la pasión en esa voz carrasposa y como desganada del viejo Bob que resuena con diafanidad, a pesar de darnos esa sensación (propia de todo genio) de que no quisiera decirnos nada de nada en absoluto, como si lo único que entablara fuera una charla consigo mismo, como si pensara, como en una suerte de monólogo interior, pero que no se queda en las preguntas sino que resuelve su existencia, dándose respuestas, aunque sea la de no buscar respuestas. De la música, que a mí me remonta a una idea cinematográfica de culminación, como en el preámbulo al acto de amor o simplemente cuando se ve un ocaso con los ojos idos a otras fantasías para grabar en la retina de mejor forma ese momento, la dejo al gusto personal. En sí, me parece cautivadora. De poco en poco eleva su nivel hasta un clímax solaz. También, tras oírla, puedo pensar en un ahorcamiento o en el suicidio o la separación por amor, uno de esos amores desinteresados, tanto que hasta la vida resulta inválida o sobrante.
Escúchenla y vuélvanla a escuchar (leitmotiv, nada más). Aunque, bueno, hay tantas o todas de Dylan, que resulta obviar o redundar decir cuál sí y cuál no, porque no, ninguna; y sí, las demás. Dígase: Someday baby o Political World o If You See Her, Say Hello...
He aquí la letra con su traducción al español:

Series Of Dreams
Bob Dylan


I was thinking of a series of dreams
Where nothing comes up to the top
Everything stays down where it's wounded
And comes to a permanent stop
Wasn't thinking of anything specific
Like in a dream, when someone wakes up and screams
Nothing too very scientific
Just thinking of a series of dreams
Thinking of a series of dreams

Where the time and the tempo fly
And there's no exit in any direction
'Cept the one that you can't see with your eyes
Wasn't making any great connection
Wasn't falling for any intricate scheme
Nothing that would pass inspection
Just thinking of a series of dreams
Dreams where the umbrella is folded

Into the path you are hurled
And the cards are no good that you're holding
Unless they're from another world
In one, numbers were burning

In another, I witnessed a crime
In one, I was running, and in another
All I seemed to be doing was climb
Wasn't looking for any special assistance
Not going to any great extremes
I'd already gone the distance
Just thinking of a series of dreams
Dreams where the umbrella is folded

Into the path you are hurled
And the cards are no good that you're holding
Unless they're from another world
I'd already gone the distance

Just thinking of a series of dreams

Traducción:
Una serie de sueños


Pensaba en una serie de sueños / Donde nada llega hasta arriba / Todo queda abajo donde permanece herido / Y alcanza su quietud definitiva / No pensaba en nada específico / Como en un sueño, cuando alguien se levanta y grita / Nada demasiado científico / Sólo pensando en una serie de sueños // Sueños en los que el paraguas está cerrado/ Donde te empujan al sendero/ Y ninguna de tus cartas es buena / /Salvo que sean de otro mundo // En uno, la superficie estaba congelada/ En otro, fui testigo de un crimen/ En uno, corría, y en otro / Tenía que trepar y trepar // Sueños en los que el paraguas está cerrado / Donde te empujan al sendero/ Y ninguna de tus cartas es buena / Salvo que sean de otro mundo/ No buscaba una ayuda especial / No buscaba experiencias extremas // Me había alejado mucho / Sólo pensando en una serie de sueños.

jueves, 16 de octubre de 2008

Vida y sangre


La vida es una fuente de muerte. ¿De dónde si no brotan los malos ratos, las enfermedades, la gana de conocer el Más Allá?

Hay en tu espíritu mil espías, que envías
lejos de su morada
a hallar en mí verguenzas y horas malvacías,
celos por donde tus palabras se guíen,
excusas que de mi reposo sean centinelas
y me despierten lejos de mí;
de ti y tu encono, cerca...
dioses en los que, como en la noche ajada,
te identifiques para justificar mi exterminio,
mi vida y mi sangre,
mi sobra de edad en la tuya de hermosura,
mis sueños de ser rey que al despertar han sido enroque.

Muestrario (dos cuentos por acabar)


Como todo gran hombre, Indio sabía que tenía un poder que explotar, aunque descubrirlo le costó más que la vida... Para reconocerlo, dispuso sus ansias y su corcel a un viaje. No lo planificó; le bastó con ver el horizonte, regresar a casa y con una cantimplora partir.
Recorrió extensos tramos de valles habitados por alacranes y arenas movedizas. Se contaminó, no una vez, de una extraña enfermedad que les sucede, lo supo después, solamente a los doctos, una suerte de lepra que brota desde las entrañas y que es sanada con la estupidez.
(Cuento inacabado)
(...)
Todo criminal retorna a la escena del crimen, dicen los libros. Él, huye de allí, pero primero se atreve a verlo todo en retrospectiva. Recuerda, pues, la primera tarde que se hospedó en la casa de doña Engracandinha, a quien nunca pudo llamar como debía; su español le impedía sonar como debía, es decir con esa eñe que no es eñe porque está rodeada de dos vocales que la permutan en algo así como una unión entre la jota y la eñe, algo incomprensible para un vulgar ecuatoriano que del bachillerato no pasó.
Al día siguiente escucha Talk a Walk on the Wild Side en esa versión encantadora donde sólo se le oye a Lou Reed el repetido Doo, doo, doo, doo, doo, doo, doo, y está seguro que le va a gustar el lugar. "Y creer ahora, se dice mientras intenta acomodarse al asiento de ese maltrecho autobús que pretende lo lleve lejos, muy pero muy lejos, que odio esa casa del demonio".
Es entonces, por mera curiosidad, que se acerca a la puerta del doctor. Golpea. De inmediato lo atiende un sujeto greñudo que aparece en una oscuridad extraña, rostro levemente sonrosado cubierto de humo, que lo invita a pasar y le dice que es médico titulado "hará veinticinco años", palabras castellanas que salen de sus labios silenciosos y esa boca oscura, como el cuarto, donde sólo brillan dientes amarillos. Ve el desorden de la habitación que está silenciosa y no cree que un médico pueda estar en una pocilga como ésa; un dolor nada gratificante en sus ojos. La sombra del doctor apagó el fuego y se deslizó por su caverna. Vuelve en sí. Todos los sí. Sí él, autoestopista vocacional que ha pasado así los últimos tres años y pico de su existencia tratando a su vez de justificarla en el camino, en las melodías estridentes de los poetas de paso que dizque hacen música y en el recuerdo de los poetas mediocres como Jim Morrison y los Ché Guevara que sugerían todo tipo de desencuentro como todo tipo de sueño, según él. Sí él, habitante de la vulgaridad de los que despreciaron a tiempo los estudios y que se entregaron a esa vida a costa de sus familias y las buenas referencias. Sí él, escritor de esa poesía verdadera y sí a hacer de esos papeles barquitos y dejarlos ir por las cloacas hasta que ganen vida. Sí al amor de malabarista esquinero, de observador de constelaciones que por un beso inventa que es Andrómeda lo que es Casiopea. Sí él, cuya vida se justifica en esos submundos.
Sigiloso como un tigre, vuelve a él el próximo encuentro. Una cafetería contigua al Maracaná que se llama como el estadio. Cinco botellas de cerveza ya vacías. Atardece lentamente y el viento atlántico mece las banderas en lo alto de las plateas del estadio. El doctor arroja su cigarrillo al suelo. Imágenes perdidas. Hojas viejas y amarillas, la mayoría de anuncios de prostíbulos y de candidatos presidenciales. De repente, el recuerdo se hace más claro por algún sentimiento que le rebrota. Es extraño, un coche cubierto de cagadas de pájaros, como el doctor, como los ojos del doctor. Sabe, para ironía del caso, que el doctor está enfermo. Basta con verlo.
-Va a morir -le dice al doctor, sin pensarlo.
Éste ríe, en su memoria ríe. Sus dientes amarillos lo devuelven al autobús. "¿Cómo pudo no verlo él mismo?, se pregunta. Ah claro, es que la enfermedad estaba en sus ojos", se responde.
Duerme un rato y se despierta al sentir que no se mueve, el autobús se ha detenido. Soñoliento, ve subir uniformados que piden la identificación de dos pasajeros escogidos al azar.
(Cuento inacabado)
A Take a Walk on the Wild Side, se la puede ubicar en la siguiente dirección: